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people and stories / gente y cuentos | |
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El programa de Gente y Cuentos en Colombia, lanzado hace apenas un año, es hoy uno de los más dinámicos. Las sesiones en diversos puntos del país revelan un enorme entusiasmo y dedicación de parte de sus coordinadores, que lo sitúan como un excelente modelo a seguir. El siguiente fragmento de un artículo sobre los talleres de lectura que promociona el Ministerio de Cultura de Colombia, ilustra parte del trabajo que Gente y Cuentos Colombia está llevando a cabo.
18 Mar 2009Libertad bajo palabraPor: Lucía Camargo Rojas
El señor de los anillos No media más de metro y medio. Su diminuta estatura hacía juego con una sonrisa libre de dientes a la que acompañaba una cicatriz que atravesaba todo su rostro. Era de esas personas que, con su sola presencia, emanan una sensación de miedo. Su tesoro: una serie de anillos que se pone en cada uno de los dedos de las manos, por los cuales le dicen ‘el señor de los anillos’. Esa imagen, que parece caracterizar a uno de los hobbits descritos hábilmente por Tolkien, es la que retiene en su memoria Angélica Manrique, voluntaria de la Fundación Entre Libros y Lectores, de su primer encuentro con uno de los 60 reclusos que fueron parte del programa “Gente y Cuentos Colombia”, ejecutado por distintas organizaciones colombianas interesadas en promover la lectura. Manrique, junto con Catalina Unigarro, desarrolló un programa de ocho sesiones de lectura de cuentos en la Cárcel Distrital, en Bogotá. “Al principio, ‘el señor de los anillos’ me intimidaba. Pero en la medida en que avanzábamos en las sesiones comenzamos a conocerlo y a ver que era una persona común y corriente”, recuerda. El programa, que se viene implementando en Estados Unidos hace más de tres décadas y que el año pasado llegó a Colombia, tiene una metodología sencilla. Un facilitador lee un cuento y luego comienza a preguntar sobre su temática, de tal forma que se genere un intercambio de ideas y opiniones que, inicialmente, se dan alrededor del cuento, pero que fácilmente desencadenan una discusión en torno a las peripecias de la vida. Al principio, ‘el señor de los anillos’ no participó en ninguna de las discusiones. Sin embargo, fue Julio Cortázar quien lo despertó de su letargo. Luego de leer Casa tomada el recluso habló. La historia de Irene y su hermano hizo que recordara a su propia familia. Así, reveló al grupo que tenía una esposa y dos hijos y expresó su nostalgia por no poder compartir con ellos. En la siguiente sesión, después de leer El recado de Elena Poniatowska, habló sobre la correspondencia que había mantenido a lo largo de los años con su familia. Confesó que les había mentido sobre su condición años atrás, cuando había estado en otra cárcel. Para mitigar su culpa les escribía cartas en donde decía estar perfectamente, a pesar de que sentía un profundo deseo de verlos. Nunca lo visitaron, por supuesto. Lucía Camargo Rojas | EL ESPECTADOR
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